Terremoto de Colombia entrega valiosa información sísmica
El análisis de ruptura del evento ocurrido el pasado lunes generó importante información sobre el comportamiento de este tipo de terremotos ocurridos al interior de la placa de Nazca.
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El terremoto ocurrido en Colombia el pasado lunes alcanzó una magnitud de momento estimada en 7.6 y tuvo su origen aproximadamente a 110 kilómetros de profundidad. A esa profundidad, el terremoto no se produjo en una falla cercana a la superficie ni directamente en el contacto entre las placas tectónicas. La ruptura ocurrió en el interior de la placa de Nazca, que se introduce bajo Sudamérica. Este tipo de evento se conoce como terremoto de profundidad intermedia y presenta características distintas a las de los grandes terremotos que ocurren en la zona de contacto entre placas.
Uno de los aspectos que permite estudiar con mayor detalle este terremoto es la orientación de la falla que se activó. Los primeros análisis plantearon dos posibles orientaciones, pero al compararlas con la distribución de las réplicas, el denominado “plano 2” es el que presenta una mejor correspondencia con las observaciones. Esta falla tiene un rumbo cercano a 228°, una inclinación de aproximadamente 77°, por lo que es casi vertical, y un “rake”, o ángulo que describe la dirección del movimiento, cercano a 47°.
En términos sencillos, el desplazamiento fue oblicuo. Es decir, combinó un movimiento lateral con una componente vertical.

Ante este tipo de eventos, el modelo de falla finita permite reconstruir cómo avanzó la ruptura en el interior de la placa. La estrella representa el punto donde comenzó el terremoto, mientras que las zonas de mayor intensidad de color indican los sectores donde el modelo estima un mayor desplazamiento. Los resultados muestran que la ruptura principal se concentró hacia el suroeste del hipocentro y que no se produjo de manera simultánea en toda la falla, sino que fue avanzando por distintos sectores.
Es importante señalar que, debido a la gran profundidad del terremoto, estos resultados son una representación aproximada y no una imagen exacta de lo ocurrido a más de cien kilómetros bajo la superficie.
Otro elemento relevante de este terremoto es la duración del proceso de ruptura. El análisis de la tasa de momento, que permite observar cómo se liberó la energía durante el terremoto, indica que la mayor parte de la energía sísmica se liberó durante aproximadamente 58 a 60 segundos. Durante ese tiempo, se produjeron varios pulsos, y el más intenso ocurrió cerca de 52 segundos después del inicio de la ruptura. Esta secuencia ayuda a explicar por qué el movimiento pudo sentirse durante un tiempo prolongado y con gran intensidad. Para realizar este análisis se utilizaron ondas sísmicas internas y ondas W-phase, que permiten estudiar adecuadamente grandes terremotos. Sin embargo, algunos detalles espaciales de la ruptura, especialmente los valores exactos del desplazamiento deben considerarse todavía preliminares.

Los terremotos de profundidad intermedia presentan además una característica que puede resultar llamativa: generalmente generan menos réplicas que los grandes terremotos superficiales o los que ocurren directamente en el contacto entre placas. Por eso, una secuencia de réplicas relativamente pequeña no significa que el terremoto haya sido poco importante. Su gran profundidad también permite que las ondas sísmicas se propaguen a grandes distancias y sean percibidas en una extensa región. Al mismo tiempo, al producirse lejos de la superficie y no desplazar directamente el fondo marino, este tipo de terremotos normalmente no genera tsunamis.
Chile tiene un antecedente particularmente relevante para comprender este fenómeno: el terremoto de Chillán de 1939, originado también dentro de la placa de Nazca, a una profundidad estimada de entre 80 y 100 kilómetros. Aunque no correspondió a un terremoto típico de la zona de contacto entre placas, produjo una enorme destrucción y miles de víctimas en Chillán, Concepción y otras localidades. La comparación con el terremoto de Colombia es de carácter tectónico, no directo: ambos ocurrieron dentro de una placa oceánica que ya se encuentra bajo el continente, pero no están conectados por una misma falla.
En este contexto, el terremoto de Colombia constituye una oportunidad para estudiar con mayor detalle un tipo de sismicidad que, aunque menos frecuente que los terremotos superficiales, puede producir movimientos muy intensos y sentirse a grandes distancias. Su análisis también permite diferenciarlo claramente del terremoto ocurrido en Venezuela el 24 de junio pasado y que los eventos no tienen una relación tectónica directa: el terremoto venezolano ocurrió en un sistema diferente, asociado a un régimen que combina componentes compresivas y transformantes dentro de la placa Sudamericana, y su ruptura se concentró en los primeros 25 kilómetros de la corteza. Se trata, por lo tanto, de un terremoto superficial con características y comportamiento posterior diferentes a los observados en el terremoto profundo de Colombia.
Roberto Martínez
