Valdivia 1960: Aprendizajes científicos y resiliencia sísmica en Chile

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A 66 años del evento sísmico más grande de la historia documentada, el director del Centro Sismológico Nacional, Dr. Sergio Barrientos, repasó los detalles de este terremoto y los aprendizajes y desafíos que se generaron a través de este y otros sismos importantes.

El 22 de mayo de 1960, a las 15:11 horas, un violento terremoto magnitud 9.5 afectó la zona centro-sur del país, causando graves daños en las actuales regiones de Ñuble, Biobío, Araucanía, Los Ríos, Los Lagos y Aysén.

Con una zona de ruptura del orden de 900 kilómetros, este terremoto se extendió desde la Península de Arauco, por el norte, hasta la Península de Taitao, por el sur, causando caos y destrucción, además de un alto número de víctimas fatales, desaparecidos y lesionados.

«Se trata del terremoto de mayor magnitud registrado instrumentalmente en el mundo. Su zona de ruptura alcanzó los 900 kilómetros de longitud, con un desplazamiento de la placa de Nazca bajo la sudamericana de unos 40 metros bajo la ciudad de Valdivia. Además, generó un tsunami de tal envergadura que cruzó el océano Pacífico, provocando víctimas fatales en Hawái, Japón y Filipinas. En la costa chilena, además, causó alteraciones geográficas drásticas”, recordó Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile.

El terremoto de Valdivia ocurrió en plena transición tecnológica en materia de sismología, luego que, a raíz del Año Geofísico Internacional (1957-1958), se impulsara la creación de la primera red mundial estandarizada (WWSSN), lo que tuvo lugar a comienzos de la década de 1960.

De esta forma, los sismogramas en papel de esa red global sirvieron como base para el posterior desarrollo de los instrumentos digitales modernos…

“Cada evento sísmico nos aporta datos y observaciones cruciales para actualizar las normas de construcción, logrando que las estructuras resistan mejor y la sociedad sea lo suficientemente resiliente para seguir operativa inmediatamente después de una catástrofe. Podríamos decir que Chile ha evolucionado gracias a grandes terremotos, como los de Valparaíso (1906), Talca (1928), Chillán (1939), Valdivia (1960), y Valparaíso (1985)”, explicó el Dr. Barrientos.

Los grandes eventos mencionados, sumados al terremoto del 27 de febrero de 2010, han propiciado un avance sustancial en nuestra sociedad, donde destaca un sistema de observación sismológica uniforme, robusto y homogéneo que permite registrar las aceleraciones del suelo -generadas especialmente por grandes terremotos- permitiendo  diseñar estructuras con  criterios adecuados, pero mantienen la necesidad de seguir empoderando a los habitantes de nuestro país, de manera que puedan reaccionar de mejor forma de cara a nuevos eventos sísmicos.

“Nuestro gran desafío es la educación continua. La población debe conocer los protocolos de respuesta específicos según su entorno: saber cómo reaccionar -por ejemplo- ante tsunamis, si viven en la costa, o ante deslizamientos de tierra, si habitan en un lugar expuesto a esta amenaza. El principal peligro es el olvido; no debemos perder de vista que la amenaza sísmica es latente y puede afectarnos en cualquier momento”, añadió.

Consultado sobre la posibilidad de que Chile se vea amenazado por un nuevo megaterremoto como el ocurrido en Valdivia hace 66 años, el director del CSN explicó que “estos eventos tienen periodos de recurrencia muy largos, que se extienden por varios siglos”, lo que hace poco probable que ocurra una liberación de energía de tal envergadura en el centro-sur del país en el corto plazo. Sin embargo, pueden ocurrir sismos de menor magnitud más localizados, tal como lo fue el sismo M7.6 del 25 de diciembre de 2016 en el sur de la isla de Chiloé.

Pese a ello, es importante recordar que en otras zonas del país, especialmente en el norte, existen brechas o gaps sísmicos, donde es más probable que puedan ocurrir sismos importantes -de contacto entre placas- en el corto o mediano plazo. En este sentido, poco se puede decir de los sismos de profundidad intermedia, aquellos que ocurren en el interior de la placa subductante.

De esta forma, el llamado es a mantener los aprendizajes que dejan este tipo de eventos y mantenerse al día respecto a la información que entregan organismos de emergencia como SENAPRED y SHOA, entre otros.